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Estrategia de la Simplicidad
y el Camino Natural
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1.- Introducción Del mismo modo que existe la entropía, la acción-reacción, la teoría del caos, del mismo modo que siempre ha existido conflicto, todo a nuestro alrededor nos muestra diferentes caminos, pues si algo tienen en común las pautas estratégicas es que son extrapolables de un contexto a otro. ¿Cuál será el objetivo
que alcanzaré? 3.- (38 - Los más
grandes sabios emulan la ley natural) 4.- Veamos algunos
ejemplos de lo que puede ofrecernos “La estrategia natural” Adaptación al vuelo - Un ejemplo muy ilustrativo de evolución convergente es el desarrollo de alas en animales tan diferentes como un murciélago, un ave o un insecto. Todos partieron de formas ancestralmente distintas, pero el carácter que permitió el desarrollo de ese órgano terminó por converger en ellos, aflorando caracteres análogos (véase más abajo el apartado sobre los caracteres análogos y homólogos). Determinados grupos de animales ya extinguidos (reptiles pterosaurios), también desarrollaron alas en su momento. La causa de esta evolución convergente en seres tan diferentes radica en la necesidad de adaptación a condiciones vitales similares, o a las condiciones ambientales. Igualmente, el ejemplo de las alas tiene su homología en otras formas adaptadas a la vida acuática, como peces y mamíferos marinos; en todos ellos se distingue un característica común, la de presentar cuerpos con formas hidrodinámicas, indicativo de su adaptación al medio físico en el que decidieron vivir; y en que algunos mamíferos, como los cetáceos, han ido perdiendo sus extremidades hasta quedar reducidos a simples vestigios. Adaptación a la alimentación - De la misma forma que se da la evolución convergente en órganos como las alas, también se aprecia este tipo de evolución en variadas adaptaciones a la alimentación. Así, determinados animales como los osos hormigueros, pangolines, equidnas, etc., unos de América del Sur, y otros de Australia, África o Asia, evolucionaron de forma independiente y desarrollaron estructuras perfectamente adaptadas para alimentarse de hormigas, tales como largos hocicos tubulares dotados de lenguas también muy largas y viscosas, con objeto de capturar los insectos dentro de sus nidos. Asimismo, también desarrollaron poderosas garras para romper los hormigueros y termiteros, y acceder más fácilmente al interior. Evolución convergente a nivel molecular - Algunos ejemplos de convergencia son muy llamativos por su especialización, ya que pueden llegar a desarrollarse a nivel molecular. Determinados animales vegetarianos, como los langures (monos de la subfamilia Colobinos) y los rumiantes, segregan en la saliva una enzima (la lisozima) que actúa en el estómago sobre las bacterias patógenas encargadas de la fermentación de los alimentos vegetales, destruyendo la pared celular de éstas y convirtiéndose en un agente no específico de la defensa del organismo. Los aminoácidos en Colobinos y rumiantes presentan similitudes únicas en su secuencia, convirtiéndose en un claro ejemplo de evolución convergente a nivel molecular. La fisiología y anatomía de la digestión en ambos también es ejemplo de otra forma de convergencia destacable. Evolución paralela - En ocasiones, la evolución convergente se distingue de la paralela. Como se ha dicho, en la evolución convergente uno o más caracteres parten de formas ancestrales diferentes, y evolucionan igualmente a lo largo de linajes separados hasta converger en una misma forma. Sin embargo, en la evolución paralela, aunque los caracteres pueden converger finalmente, en realidad parten de una misma forma ancestral. Estos conceptos son teóricos, pues aunque ambos tipos de evolución se dan en la naturaleza, esas diferencias son difíciles de identificar en casos reales, ya que generalmente se desconocen los estados ancestrales de los que parten los caracteres. Probablemente, determinadas especies de mariposas que comparten la misma coloración, como la virrey (comestible para sus depredadores) y monarca (no comestible), hayan seguido una evolución paralela. Otros ejemplos de evolución paralela podrían ser el oso marsupial y el oso hormiguero; la ardilla voladora y el marsupial volador; o el lobo de Tasmania (ya extinguido) y muchos cánidos que habitan en otros continentes. Aunque todos han derivado de un mismo ancestro marsupial, el aislamiento que han sufrido algunos de ellos en la región de Australasia les han forzado a una evolución paralela. Caracteres análogos y homólogos - Los caracteres homólogos son aquellos correspondientes a estructuras similares que, partiendo de un ancestro común, se transmiten por herencia. Los caracteres análogos son aquellos que, partiendo de ancestros diferentes, finalizan en estructuras que realizan funciones similares. El anterior ejemplo respecto a la función de las alas en especies diferentes, sirve para ilustrar el concepto de caracteres homólogos y análogos. El carácter que cumple con la función de volar puede evolucionar de forma independiente en dos especies (de forma paralela o convergente). Si la evolución es paralela, las dos especies conservan el carácter común de la especie ancestral; si la evolución es convergente, el carácter de la especie ancestral queda modificado. Así, las estructuras óseas del brazo de un humano y un ave, son similares y homólogas porque tienen un origen común; por su parte, las alas de un ave, un insecto, o un murciélago, son análogas porque aunque tienen un origen distinto cumplen y están diseñadas para la misma función, la de volar. Si examinamos con detalle los órganos de determinados animales, podemos observar la convergencia de caracteres. Así, las alas de las aves, murciélagos e insectos, aunque tienen un parecido funcional (son análogas) existen sin embargo grandes diferencias estructurales entre ellos. Por ejemplo, mientras que en los insectos esas estructuras están sujetas por unas nervaduras, en las aves y murciélagos son óseas. Igualmente, aves y murciélagos (que son homólogos) sujetan sus estructuras con huesos diferentes. Para establecer la diversificación evolutiva de las especies, o reconstruir su filogenia, es de suma importancia distinguir si los caracteres que se estudian son homólogos o análogos. Dos especies pueden tener un gran parecido, y por ello deduciremos enseguida que ambos tienen parentesco, pero sólo será así si ese parecido responde al concepto de homología; en otro caso estaremos hablando de analogía o convergencia. En definitiva, cuando un mismo carácter está presente en dos especies sólo puedes ser por una de dos razones: o fue adquirido por evolución convergente (analogía), o por herencia de un antepasado común (homología). La homología es el argumento que Charles Darwin esgrimió en 1859 para probar la teoría de que las especies partían de un origen común, y es fruto de sus observaciones en las islas Galápagos Plantas y animales
también luchan, ganan y pierden “¿Cada cuánto cree Vd.
que se reproduce un pino? Es también, el caso del eucalipto: La exposición a una fuente de calor responde a la tendencia natural de esta especie a su propagación tras un fuego que abra sus frutos y esparza sus semillas sobre un terreno quemado, situación óptima tanto por los nutrientes aportados al terreno tras la combustión, como por la liberación de plantas que rivalicen con su crecimiento. El eucalipto es una planta que tolera mal, en su estado natural, el crecimiento parejo a otras especies. Por otra parte, es tan dependiente del fuego para su germinación que incluso contiene esencias y resinas pirófilas, que hacen de un bosque de eucaliptos un terreno abonado para los incendios. Ambas especies utilizan el fuego como estrategia para eliminar a sus competidores en el hábitat, pues mientras ellos mueren, pinos y eucaliptos se reproducen eficazmente y crecen mucho más rápido. Son pues un peligro para cualquier zona forestal autóctona.” “La caza es uno de los aspectos más singulares del lobo, según la zona del mundo en que nos encontremos variaran tanto el tipo de presa como la forma de cazarla, y es que el lobo como ya hemos dicho es un animal que se adapta a cualquier entorno. Obligado a incluir en su dieta prácticamente de todo para conseguir sobrevivir, el tipo de presas de la zona condicionara el numero de integrantes de la manada afectando por tanto a la pautas de conducta del lobo. Para tratar de simplificar expondremos tres casos posibles: 1) Bueyes, caballos y presas de similar tamaño; estas presas son de un tamaño grande en comparación con el lobo y por tanto le obligan a atacar en manada y a desarrollar más su ingenio para atraparlas. Para este tipo de pesas los lobos se alternan mordiendo en la zona de la ingle, bajo vientre o en los genitales y dejando que las heridas desempeñen su función debilitando y tumbando a la presa. 2) Corzos, perros, zorros y animales de similar tamaño; el numero de lobos necesarios es menor llegando a bastar uno solo. El tipo de ataque aquí varia en función de si el individuo se puede resultar una amenaza o no; para el caso en que no lo sea el mordisco se da en el cuello ejerciendo una gran presión en la zona de la traquea, para el caso en que si el mordisco será en la zona de los riñones. 3) Conejos y de similar tamaño; de igual forma que antes el lobo puede cazar estas presas en grupo (normalmente un máximo de tres) o solo. El mordisco lo dará donde pueda siendo preferente la zona trasera del cuello. Esta clasificación se limita solo a presas salvajes, pero el lobo se puede ver forzazo a alimentarse restos de comida en basureros o a atacar el ganado, en el primer caso obviamente se basa solo, en el segundo puede requerir mas individuos si el ganado esta vigilado. Una de las técnicas empeladas por el lobo en estos casos consiste en enviar un individuo que se deje ver para atraer y alejar a los perros guardianes mientras los otros dan muerte a varias piezas de ganado, una vez acabado los lobos pueden ejecutar también a los perros protectores. Retomando de nuevo la caza de presas salvajes, que es donde el lobo muestra en verdad su astucia, presenta una gran variedad de estrategias que normalmente suelen consistir en asustar a la presa haciéndola correr hacia una zona en la donde otro lobo le espera para darle muerte o bien rodeándola mediante varios grupos de lobos. Sea cual fuere la técnica usada por el lobo lo que es indudable es la selección que hacen de la presa, bien sea por enfermedad, vejez o excesiva juventud. Lo cual procura la famosa supervivencia del individuo más fuerte, así pues la caza del lobo puede considerarse muchas veces como una limpieza que ayuda a la naturaleza a evitar la extensión de enfermedades o a la debilitación de la especie. El lobo se muestra pues como un animal consciente de sus limitaciones y que ingenia verdaderas estrategias de caza para minimizarlas. Quizá una de las cosas mas pueda llamar la atención es la capacidad de estos animales para organizarse y cazar y más si se tiene en cuenta las limitaciones de comunicación, que no son tantas como podrían parecernos en primera instancia. Parte de explicación de estas estrategias las encontramos en las fases de aprendizaje llevadas a cabo durante el primer año de vida, aunque se ha demostrado que muchas de estas van implícitas en su propio instinto y no son aprendidas sino desarrolladas. En cuanto a sus necesidades alimentarías se estima que el lobo debe procurarse 1,3 kg de comida al día. Si bien es verdad que el lobo es capaz de resistir bastantes días sin comer o con bajo régimen de presas lo cierto es que en cuanto pueda, remontará las carencias pasadas ingiriendo unos 5kg diarios de carne hasta estabilizarse de nuevo. El reparto de una presa
cazada en grupo se hará siguiendo el orden que marca la jerarquía,
siendo el macho dominante el que permite el acceso a esta. Esto hace que
los individuos omega se vean obligados a agudizar su ingenio
alimentándose casi a escondidas. Esta ultima actitud que se cree desarrollada por lobo durante la glaciación aprovechando la excelente "cámara de conservación" que supondría el hielo, serviría de explicación de las llamadas lobadas. No obstante no existe un criterio único al respecto y algunos autores como Gil Cubillo rechazan esta posibilidad y la atribuyen más la situación actual del ganado amontonado y despojado casi de cualquier instinto de defensa y posibilidad de escapatoria, esto provocaría en el depredador una extraña conducta que le llevaría a devorar más presas de la necesarias para su alimentación. No obstante esto no es una particularidad del lobo y es extensible a cualquier depredador que devore animales domésticos, además de que no debe hacernos olvidar que en situaciones de caza normal, es decir piezas salvajes, el lobo realiza una caza selectiva que ayuda al equilibrio de la naturaleza.” Comer y no ser comido El desarrollo de la vida lleva implícita la necesidad de energía, que se obtiene de la alimentación. Las macroalgas y el fitoplancton, de la misma forma que las plantas terrestres, son organismos capaces de transformar la materia inerte en orgánica usando para ello la energía solar. Pero todos los animales necesitan comer otros seres vivos para vivir. Esta maraña en la que unos producen materia orgánica y el resto se comen entre ellos se conoce como cadena trófica. Hace cientos de millones de años los cefalópodos llegaron a estar en una cumbre en la que pocos se los comían; pero en el presente sirven de alimento a numerosas especies de tiburones, peces óseos, aves y mamíferos marinos. Por ello han desarrollado una amplia gama de estrategias defensivas fundamentadas en reducir las posibilidades de encuentro con los depredadores. Pero no se puede pasar toda la vida camuflados, hay que salir a buscar comida y evitar, al mismo tiempo, ser comido. Para conseguir este doble objetivo han perfeccionado los sistemas de defensa, siempre alerta, y se han dotado de un complejo arsenal ofensivo. La selección natural les ha enseñado la lección: el ataque puede fallar algunas veces, pero la defensa nunca. Los cefalópodos son carnívoros, y para comer han diseñado diversas estrategias de caza. Éstas no sólo varían según la especie, sino que un mismo individuo puede escoger la técnica más apropiada en función de cada presa. La dieta depende del lugar en el que viven. Los calamares, debido a su vida pelágica, se alimentan principalmente de peces. Los que habitan en el fondo, como sepias o pulpos, comen cangrejos, camarones, moluscos, y en menor medida peces. La vista es el sentido más utilizado por los cefalópodos para la búsqueda de comida, y después el tacto, olfato, e incluso unos receptores equivalentes a la línea lateral de los peces, que funcionan como un oído de baja frecuencia permitiendo la detección de presas –y depredadores- a distancia. En Sepia officinalis se ha observado una secuencia de ataque visual para la caza del camarón que consta de tres fases y cuyo patrón siguen también otros cefalópodos. Primero, el depredador presta atención a la presa, observándose cambios en su comportamiento. Para distraerla levantan y mueven el primer par de brazos, y a veces el segundo. Después pasa a la fase de posición, nadando lentamente hasta situarse a la distancia apropiada para ejecutar la tercera fase, el ataque. En un instante lanza los tentáculos hacia el camarón, adheriéndolos y sujetándose rápidamente con los brazos. La secuencia puede variar según la presa: si ésta es un cangrejo, a menudo sustituye la última fase por un salto sobre el animal. La emboscada es otra técnica visual de caza. Los pulpos utilizan sus extraordinarias habilidades para mimetizarse con el entorno y acechar a las presas. Las sepias aguardan semienterradas en la arena, e incluso se han descrito comportamientos similares en calamares, que se tumban sobre el fondo adoptando su color, volviéndose poco menos que invisibles. En todos estos casos el método es muy sencillo: echarse y esperar, y cuando la potencial presa se sitúa dentro del radio de acción, el ataque es fulminante. Los cefalópodos de aguas profundas usan fotóforos y tentáculos a modo de cebo para “pescar” otros animales. En ocasiones, las sepias también usan este sistema, oscureciendo el cuerpo de modo que destaque más el primer par de brazos, luego los mueve lentamente hacia un lado y otro, hasta que algún camarón “pica”. Pero las estrategias citadas no sirven cuando se trata de capturar peces de natación rápida. Por su velocidad, no es posible perseguirlos, con la emboscada pasarían tan rápido que no daría tiempo a reaccionar, y el cebo ni lo miran. Renunciar a estos pececillos no tendría sentido considerando la inmensa cantidad de sardinas, jureles o anchoas que habitan en las costas de todo el mundo. La evolución debería haber favorecido el diseño de técnicas de captura de estos peces. Y eso es lo que ocurrió. La estrategia comienza una vez que detectan la presa; algunos calamares inician entonces una sigilosa persecución con la cabeza atrás para aprovechar mejor el impulso del chorro. Deben poner mucho esmero para no ser descubiertos, ya que entonces el pez huiría. Cuando el cefalópodo está cerca de su cola -por ser donde menos posibilidades tiene de ser detectado- inicia una rápida maniobra de giro, situando los tentáculos hacia delante y gracias al cambio de dirección del sifón se abalanza sobre el pez. Aunque la boca es pequeña, el uso de los brazos para atrapar la presa mientras se la come justifica que muchos investigadores afirmen que los cefalópodos poseen una “gran boca funcional”. Pensemos que cualquier vertebrado que quiera comer presas grandes necesita una boca de tamaño acorde, excepto los que usamos las manos, claro. Si se trata de presas menos veloces, rara vez si son peces, la persecución continúa aunque se descubran las intenciones del cefalópodo. Los pulpos siguen al cangrejo hasta atraparlo, constituyendo un ejemplo de persecución “guiada visualmente”. Otros, como las jibias, cuando fracasa el intento de caza suelen comenzar de nuevo toda la operativa, si bien en este caso el instante del ataque no está guiado visualmente, sino que sólo lanza los tentáculos -o todo el cuerpo- una vez que ha determinado su posición, denominándose “ataque balístico”. El estudio de las técnicas de ataque del calamar Sepioteuthis sepioidea nos muestra la complejidad del comportamiento de los cefalópodos. Se han descrito cuatro formas distintas de cazar: la persecución; la emboscada camuflándose entre algas flotantes; la imitación al herbívoro pez loro, mediante la exhibición de dos puntos negros y variando la forma corporal, de modo que las presas no huyan al ver acercarse a un “pez inofensivo”; e incluso la caza especulativa basada en el sentido del tacto, removiendo los fondos de arena en busca de comida. Y es que, después de la vista, el tacto es el sentido más importante en la alimentación de numerosos cefalópodos. En él se basan muchos pulpos cuya dieta consiste en cangrejos y bivalvos: a ciegas, hurgan con los tentáculos entre las fisuras hasta que localizan la presa. Otros también escarban en la arena para detectar crustáceos y moluscos enterrados. No mirar tiene sus riesgos, pudiendo encontrarse con la desagradable sorpresa de que quién vive en la grieta es una morena; entonces se dan a la fuga de inmediato, a menudo con algún tentáculo de menos. A veces el hambre hace bajar la guardia, y otras su intensidad provoca que animales de la misma especie se devoren entre sí. De hecho, el canibalismo es común en los cefalópodos. Se sabe que en sus primeras semanas de vida existe una alta incidencia de canibalismo, y que éste se extiende a las fases juveniles, aunque con menos frecuencia. Numerosas especies de pulpos son caníbales en su vida adulta, siendo tanto más fácil que se presente cuanto mayor sea la diferencia de tallas. Hemos visto que los cefalópodos son excelentes depredadores, y que a su vez son comidos por otros animales. La mayor parte de lo que sabemos sobre su comportamiento alimenticio se debe a estudios realizados en laboratorio y acuarios. Ahora el reto es profundizar en las investigaciones realizadas en sus propios hábitats, donde las respuestas no se hallan influenciadas por nuestra presencia. No es tarea sencilla, pero la fascinación que produce su estudio compensará sobradamente los esfuerzos. Estrategias del mundo
natural: Por qué se expande el virus del sida. El ser humano por humano
que éste sea, sigue ligado a la biología de su evolución. Las cucarachas viven en
democracia Las cucarachas practican un modo de convivencia inteligente, muy parecida a lo que los humanos conocemos como “democracia”: cada uno de los insectos del grupo tienen una importancia similar, y las consultas generales preceden siempre a las decisiones que afectarán a toda la comunidad, indica un estudio de la Universidad Libre de Bruselas, publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. El estudio fue realizado para conocer cómo afectan las decisiones colectivas en determinadas comunidades de insectos, cuando se debe elegir entre varias alternativas posibles. ¿Cuándo y cómo inducen los individuos que componen un grupo a una decisión colectiva determinada? Esta investigación ha demostrado que las elecciones pueden surgir a través de una interacción no-lineal y dinámica entre individuos iguales, sin necesidad de que haya un líder concreto. El estudio ha puesto de relieve que las decisiones de las cucarachas siguen un patrón predecible que podría explicar la dinámica funcional del grupo, así como la de otras comunidades de insectos y animales, como las hormigas, las arañas, los peces e incluso las vacas. Comunicación a través de
las antenas El director de la investigación, José Halloy, un científico del Departamento de Ecología Social de la Free University de Bruselas, estudió el comportamiento de un grupo de cucarachas metidas en un recinto en el que había tres posibles refugios. La investigación pretendía conocer cómo se dividían las cucarachas entre estas tres posibilidades. Después de muchas consultas, probando con sus antenas, las cucarachas se dividieron perfectamente. Cada uno de los refugios tenía capacidad para 40 insectos, y en total el experimento se hizo con 50 cucarachas: en el primer refugio se colocaron 25, en el segundo otras 25, y el tercero se dejó vacío. Cuando los científicos alteraron los refugios, e hicieron que éstos tuvieran capacidad para albergar a 50 insectos, las cucarachas del segundo refugio se “mudaron” al primero, dejando vacío también el segundo. Cooperación y competencia
La investigación es importante porque describe los mecanismos subyacentes en la toma de decisiones del mundo animal, y cómo éstos aprovechan los recursos por medio de un tipo de comunicación determinada. Para las cucarachas, resulta natural cooperar unas con otras, puesto que espontáneamente saben situarse unas junto a otras para sacar el máximo provecho a su convivencia. Las cucarachas aparecieron hace unos 400 millones de años, sobrevivieron a la extinción de los dinosaurios y a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagashaki durante la segunda guerra mundial. Se calcula que sobre el planeta hay 3.500 especies de cucarachas, de las cuales sólo un pequeño número (entre cinco y siete) viven en los domicilios y edificios. El resto habita en los bosques. La rotación de puestos
puede traer beneficios La rotación de puestos –no sólo de jefaturas sino también del personal de nivel de mandos medios para abajo—debe darse, obviamente, de manera técnica y organizada y, muy importante, siguiendo una evaluación situacional. Aunque la tendencia de las “500 Empresas de la Fortune” apunta a que en su mayoría esos movimientos traen más beneficios que perjuicios, también es cierto que en algunos casos, si no es manejada situacionalmente, es decir viendo cada caso en particular, puede generar “efecto búmerang”. Sin embargo, todos concuerdan en que los beneficios superan con creces la momentánea inestabilidad que se da luego de la rotación. Para el personal operativo, la rotación significa generalmente la oportunidad de conocer nuevos puestos, ampliar su perspectiva y volverse más polifuncionales –lo que los afianza más en la organización. La rotación en puestos de jefaturas responde a la necesidad de remozar ambas perspectivas: la del jefe y la del equipo humano que dirigía. Es un hecho que las personas –al cabo del tiempo—llegan a plegarse a la rutina, y que ello podría impulsarlos a un modelo de comportamiento conformista, menos creativo, poco innovador. Paralelamente, el jefe llega a formar en algunas ocasiones lazos de relación que por su intensidad podrían resultar inconvenientes para los intereses del equipo y de la empresa. Al darse la rotación, tanto el jefe como la organización tienen la oportunidad de aprovechar la experiencia acumulada en otro equipo o en otro proyecto, al tiempo que se inyecta en el funcionario un cúmulo de nuevas expectativas y buenos propósitos. Es importante rescatar que la rotación en las grandes organizaciones no se ve como un castigo para nadie, ni se da porque el jefe sea inadecuado en su puesto o en su gestión. Si es malo, simplemente no funciona dentro de la organización, y mal haría la administración en asignar a ese jefe la dirección de otra unidad, pues sólo habría “trasladado el problema”. Por el contrario, la
rotación busca aprovechar la sabiduría acumulada, la buena trayectoria y
el entusiasmo del líder, para desarrollar a otro equipo o impactar el
rendimiento de otra unidad productiva que tal vez adolecía de ese tipo
de energía. 5.- Conclusión 6.- Bibliografía |
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Editores Responsables: Dra. Janett Mostacero Llerena; Doctora en Economía (Universidad Nacional de Trujillo, Perú), Especialista en Negociación (Johaness Kepler University, Austria), Master en Administración de Negocios (UNT, Perú), Master en Administración Educativa (New Mexico University, EEUU), Contadora Pública (UNT, Perú) y Administradora de Empresas (UNT, Perú). Ms. Carlos Vargas Cárdenas; Master en Economía-Gestión Empresarial (Universidad Nacional de Trujillo, Perú), Postgrado en Finanzas (ESAN, Perú), Especialista en Proyectos de Inversión (ONUDI), Ingeniero Civil (UNPRG, Perú). |
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